jueves, 3 de abril de 2008

Proyecto de novela


He aquí que, ante la magnitud de las cosas que pasan por mi cabeza he decidido empezar a escribir una novela, seguramente corta y chapucera, con la que buscaré aparte de desquiciarme y entretener liberar tensiones antes, durante y tras los exámenes.

El sitema es simple, un capítulo cada viernes (si estoy por la labor) de extensión variable.

Acepto sugerencias detodo tipo; personajes, nombre del proyecto de novela ( había pensado en "Órdago" pero está un poco en el aire), estilo, puntuación, gramática...

Antes todo espero que la disfruteis y que opineis. Sin más dilación comienzo; enjoy "Órdago"!




Órdago



Capítulo I- El bar


El humo cubría el local cediéndole una atmósfera proclive al delito, la evasión y el escondite. Unos carteles amarilentos cubrían las paredes anunciando, aparte de corridas de toros, tiempos mejores para el bar de Diego y un cierto descuido en el negocio que su padre construyó con el sudor de su propia frente.
José Belmonte, Jesulín de Ubrique, Paquirrín...sus nombres eran lo único diferenciable, en mate negro, sobre las viejas estampas, donde las imágenes de fornidos toros en castrense lucha a muerte contra esbeltos toreros de capas ondulantes y trajes de luces comenzaban a desconcharse, conscientes de la impasividad del tiempo, que nunca perdonó. Ni tan siquiera a las leyendas.

Un olor, mezcla de viejos puros Farias fumados por los parroquianos, Ducados negro, cerveza Cruzcampo y manzanilla casera del interior del bareto contrastaba ferozmente con el del azahar y geranio del patio por el que se accedía a aquel pequeño bar de barrio. Aquel viejo bar de la Macarena. En la inolvidable Sevilla.

El suelo era un mar de cerillas, cenizas, colillas, cáscaras de cacahuetes y serrín. Un mar que se batía con cada golpe de escoba hacia la barra, soportando el oleaje y la resaca. Dicha mesa, más bien barra, era de madera y metal , resquebrajada en su base por la humedad y oxidada en todas sus junturas.

Se trataba del alma de Andalucía, un lugar para muchos innacesible, no más que una mera esencia, un soplo de la identidad de un pueblo. Andalucía en todo su esplendor, un lugar que representa a un pueblo, su forma de vida, su simbología, su ocultismo. La Torre del Oro y la Alhambra no tendrían nada que hacer contra ese símbolo de la idiosincrasia caló.

Tras la barra, con una camisa azul gastada y denotando unas manchas de sudor en las axilas y pecho ( a pesar de vestir a mayores una camiseta Imperio), se encontraba Diego, el dueño del bar. Calvo, gordo ( o como él prefería decir: " illo... gorda tu madre...¡bien alimentao!), calvo y con un bigote fino que le delienaba su labio superior. En su pecho la medalla de plata (falsa o robada) de la Virgen del Rocío, " la reina de la casa", entre su peludo pecho, sobre su barriga cervecera.


(...)


Mañana sigo, son las 3 de la mañana y me voy a la camita...

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