domingo, 26 de octubre de 2008

La lluvia, la gente, el amor...


Poco a poco lo comprenderás. Mirarás la lluvia con otros ojos y ese verde absenta de tu mirada se diluirá entre los regueros de las aceras. Hoy llueve, igual que ayer, igual que mañana, igual que en tu corazón, como siempre. Nada la para. Ni dioses ni humanos, pues va más allá de Bien y del Mal, de lo justo y de lo injusto. Siempre está lloviendo en algún sitio del globo, aunque no la veamos, cuando es dentro de alguien.
La gente es como la lluvia, con sus vicios y virtudes, las personas (gotas) de nuestra existencia nos empapan de algo de ellas, unas gotas calan, otras solo humedecen, y otras están destinadas a secarse al calor del fuego o a dejarse llevar por las consecutivas.
Hay gotas raudas y finas, calabobos, que nos pillan de improviso, que vienen sin que las llamen y que al igual que llegan se van, pero que está ahí, con cierta frecuencia, sin aviso ni perdón, de las cuales tan sólo algunas son recordadas y la mayoría de ellas son absorbidas por la tierra. Su llegada a menudo crispa los nervios, no obstante hay quien las disfruta.
Están las gotas gordas, frías, de tardes de frío y cielo negro, que al deslizarse por nuestra espalda nos dan escalofríos, llenos de dolor y placer, de sensaciones distintas según quien las reciba. Es lluvia con contenido, esperada, la que gusta pasar en domingo de película, sofá y manta. Ésta es importante, pues se recuerda siempre, moja con razón, empapándonos hasta los huesos, encharcando las calles, los corazones, las almas, dando el combustible de los ríos de la vida, del amor...Los besos bajo esta acuosa cúpula son los mejores, pues al igual que con la electricidad, esta lluvia conecta las almas, que fluyen entre lágrimas, de los ángeles quienes envidian de los hombres poder amar, mientras el hombre sueña con volar. Las lágrimas no son más que la lluvia del corazón,, pero salada, pues la tristeza les aporta el sabor, de forma que ayuda a unirse, abrazarse, en un beso al margen de los paraguas.
No menos importante es la lluvia de tormenta, copiosa, nocturna, que grita y brama pues le duele llegar al mundo en un parto doloroso del cielo, negro como el carbón, iluminado por sollozos eléctricos al desprenderse de sus pequeñas, solitarias y acuosas hijas, que van solas al caer, pero unidas con más fuerza en la caída, vengándose del mundo que las hace sufrir embarrándolo, con viles tretas. Desbordan ríos, destruyen montañas y arrastran en riadas a resto en su plan de destrucción.
Mas ¿Que importa la lluvia? Lo importante son las gotas, pequeñas o grandes, rápidas o muy pausadas pero gotas al fin y al cabo. No importa en qué charco caigamos si caemos juntos...
Aunque no me importaría caer en tu charco, o ser una lágrima tuya...

jueves, 15 de mayo de 2008

Poesía de andar por casa


Más de lo mismo,

lo que ocurre en la vida va

más allá del cinismo]

y envuelve de negro lo que

los tontos llaman optimismo]

hace ya un tiempo que di un paso adelante

en el abismo]


La misma historia, la misma histeria,

la emoción se pierde, se oculta,

¿Que saben las viejas en la peluquería

del joven borracho de vida que les insulta?


Dicen que el alcohol ahoga la pena

pero al ahogar te mata

una vez más solo en la cena

revuelto de corazón, churrasco de rata


Me infecto, de la melancolía,

detecto, que el alcohol se absorve por osmosis,

directo, a perderme en la licorería,

me inyecto, moriré de sobredosis


Dejaré que mi dolor se lo coman los perros

buenos amigos, peores amantes,

son amores carroñeros

es malo recordar las historias de antes.


Mientras tanto seguiré mi camino,

me lleve a donde me lleve,

¡Que coño! Me importa un comino,

que llueva, truene o nieve


Pues así es esta existencia,

este es mi oficio,

poetá mártir de amor, muerto en esencia

no tuve cojones de saltar el precipicio




A todas las mujeres de mi vida. TODAS. Y en especial a Vane: piensa que debemos vivir el presente con las lecciones del pasado y los sueños del futuro. Tomorrow´s going to be a brighter day...
P.D.: Siento haber tardado tanto en escribir, por cierto, no va a haber más capítulos de mi novela, mi manager (sí tengo uno!) me hizo contactar con algunas editoriales y tengo k guardarla hasta que la acabe....



lunes, 14 de abril de 2008

2ª Parte 1er Capítulo- Órdago - (proyecto de novela)


Debían de ser las tres de la tarde aproximadamente. Un hombre alto y ancho de hombros (probablemente esbelto en su juventud), con pelo negro pegado hacia atrás con gomina, olor a jabón Magno, pantalón claro y camisa rosa entró en el local.
Los parroquianos callaron, y más les valía. Se trataba de Antoñito García o Antoñito el "Maño", la figura de referencia de los bajos fondos sevillanos. Su mote le venía de la mili, hecha en el año 1972 en Zaragoza y , a pesar de haber estado sólo 2 años en la capital aragonesa, el mote le prevalecería de por vida. A su lado, Jaime Belmonte, el "Grapas", en su caso el mote le venía por una causa más honorable a la par que escabrosa.
Durante la mili, Antoñito salvó la vida del "Grapas" de morir atropellado por un autobús, deuda que pagó dos meses después al protegerlo le de una granada, cuya metralla le había dejado una cicatriz horrible, cerrada con grapas, en medio de su cara de rasgos eslavos. La gente decía que le había dejado también ciertas secuelas psicológicas, manías compulsivas y tendencias psicóticas, pero lo que más miedo daba era su sangre fría. Toda Sevilla sabía que era el perro faldero del "Maño" y que los muertos se apilaban a su espalda. Alto y muy fuerte había trabajado como albañil, más bien como burro de carga, antes de síer el matón a sueldo de Antoñito. Solía ser brusco pero efectivo: Cuerda de piano al cuello, sierra, bolsas de plástico y una piara de cerdos cerca de Extremadura.
El estilo del "Maño" era más sutil. A pesar de la exhibición de colgantes y anillos de oro se hacía pasar por funcionario del ayuntamiento en excedencia. Cuando decía que iba al ayuntamiento en realidad se iba a su nave industrial. Había quien le llamaba a aquella nave "La Casa de los Horrores". Drogas, mujeres, armas... todo tenía cabida en su mundo. Ahora se dedicaba al robo, a veces directamente o mediante la extorsión; de antigüedades.
Esperaban a un hombre, José Heredia. Comenzaba a tardar, y eso incomodaba al "Maño".




Con esto termina el primer capítulo de mi novela, espero que la desfruteis! Aún queda mucha historia por delante!!!

jueves, 3 de abril de 2008

Proyecto de novela


He aquí que, ante la magnitud de las cosas que pasan por mi cabeza he decidido empezar a escribir una novela, seguramente corta y chapucera, con la que buscaré aparte de desquiciarme y entretener liberar tensiones antes, durante y tras los exámenes.

El sitema es simple, un capítulo cada viernes (si estoy por la labor) de extensión variable.

Acepto sugerencias detodo tipo; personajes, nombre del proyecto de novela ( había pensado en "Órdago" pero está un poco en el aire), estilo, puntuación, gramática...

Antes todo espero que la disfruteis y que opineis. Sin más dilación comienzo; enjoy "Órdago"!




Órdago



Capítulo I- El bar


El humo cubría el local cediéndole una atmósfera proclive al delito, la evasión y el escondite. Unos carteles amarilentos cubrían las paredes anunciando, aparte de corridas de toros, tiempos mejores para el bar de Diego y un cierto descuido en el negocio que su padre construyó con el sudor de su propia frente.
José Belmonte, Jesulín de Ubrique, Paquirrín...sus nombres eran lo único diferenciable, en mate negro, sobre las viejas estampas, donde las imágenes de fornidos toros en castrense lucha a muerte contra esbeltos toreros de capas ondulantes y trajes de luces comenzaban a desconcharse, conscientes de la impasividad del tiempo, que nunca perdonó. Ni tan siquiera a las leyendas.

Un olor, mezcla de viejos puros Farias fumados por los parroquianos, Ducados negro, cerveza Cruzcampo y manzanilla casera del interior del bareto contrastaba ferozmente con el del azahar y geranio del patio por el que se accedía a aquel pequeño bar de barrio. Aquel viejo bar de la Macarena. En la inolvidable Sevilla.

El suelo era un mar de cerillas, cenizas, colillas, cáscaras de cacahuetes y serrín. Un mar que se batía con cada golpe de escoba hacia la barra, soportando el oleaje y la resaca. Dicha mesa, más bien barra, era de madera y metal , resquebrajada en su base por la humedad y oxidada en todas sus junturas.

Se trataba del alma de Andalucía, un lugar para muchos innacesible, no más que una mera esencia, un soplo de la identidad de un pueblo. Andalucía en todo su esplendor, un lugar que representa a un pueblo, su forma de vida, su simbología, su ocultismo. La Torre del Oro y la Alhambra no tendrían nada que hacer contra ese símbolo de la idiosincrasia caló.

Tras la barra, con una camisa azul gastada y denotando unas manchas de sudor en las axilas y pecho ( a pesar de vestir a mayores una camiseta Imperio), se encontraba Diego, el dueño del bar. Calvo, gordo ( o como él prefería decir: " illo... gorda tu madre...¡bien alimentao!), calvo y con un bigote fino que le delienaba su labio superior. En su pecho la medalla de plata (falsa o robada) de la Virgen del Rocío, " la reina de la casa", entre su peludo pecho, sobre su barriga cervecera.


(...)


Mañana sigo, son las 3 de la mañana y me voy a la camita...

martes, 1 de abril de 2008

Testamentum


Si estais leyendo esto es que y morí. Hades mece mi cuna y Caronte me guía hacia el Cancerbero ( tan sólo 2 monedas para el barquero, el último viaje, y el más barato) , donde comenzaré mi fin, el inicio de la nada.

Hace ya un tiempo que me como la cabeza por no saber cómo, cómo sobrevivir y ser apreciado aun siendo diferente, sentirme libre de una masa que me tiene maniatado y amordazado, viendo injusticias de las que nunca podré informar, pues aun liberando mis palabras los demás se me aparecen como ciegos y sordos. No se si fui un incomprendido en vida o no cedí en mi empeño de no ajustarme a lo global, a ser como otros, para mi los demás.

No me las doy de marginal ni recluído, pero nunca fui completamente aceptado; es más, fui criticado en casi todo lo que hice. Esta cuchillo que me cortará las venas actuará como puente hacia lo desconocido, supongo que otro infierno, tambien lleno de demonios que me torturarán.

¿Por que voy entonces? Para encontrarme, para volver a ver a quien hace más de diez años que no veo. Volver a reir como cuando era un niño feliz e inocente...ingenuo. No sabía lo que era la vida y pensaba que todo iba ser mucho más fácil de lo que nunca fue.

La sangre que discurre por mis venas se deslizará por mis muñecas para caer, lenta e imperiosamente, gota a gota, latido a latido, en la alfombra; sedienta de algo que no sean lágrimas de frustración.

El metal en mi pulso es frío y me previene de lo que me queda; la agonía, pocos minutos que parecerán meses.

Entonces será cuando realmente pueda pensar tranquilo, sin ataduras a este mundo, a nada, ni a la propia vida.

Aparecerán las imágenes de las personas a la que más quise (no me olvido de tí) y sabré realmente, aunque tarde, lo que tendría que haber hecho con mi vida.

Demasiado fácil el suicidio dicen mas, si toda la vida es harto tortuosa, ¿no merece la pena tener algo simple en esta fugaz existencia? Solo una cosa. ¿Por que no?

Al igual que muchos otros intenté encontrar en lo que me gustaba la perfección ( música, deporte, escritura, amor...) a través de la práctica pero al no alcanzar ni un nivel mediocre entraba en largos períodos de depresión y etilidad. Soy como Antoñito el Camborio, de Lorca; éxito o fracaso mas jamás mediocridad, no cabe en mí.

Veo ante mi las fotos de quienes encontraron en la soga, la pistola o el alcohol el amigo que les ayudase a acabar y les entiendo, ojalá la cuchilla de afeitar sea tan buena amiga como esos otros objetos para sus poseedores.

Allan Poe, Kubain, Lautrec, Baudelaire...

Fueron mis amigos, ausentes, de toda la vida y muy pronto estaré con ellos jugando al póker donde quiera que vayamos los suicidas;usando como fichas nuestros sueños perdidos y en las imágenes de las cartas las efigies de las personas a las que no debimos haber dejado atrás.

Le dejo todo al que lo quiera.


Ya no necesito nada...

lunes, 31 de marzo de 2008

Ayer te vi en el andén




Ayer te vi en el andén.Era una tarde lluviosa y ventosa de finales de Enero. Una tarde entera de biblioteca y Derecho Romano crispa los nervios de cualquier persona y lo único que necesitaba para calmar mi frustración por una lección mal aprendida era asir un cigarrillo y sentir el reconfortante aroma del humo en mi garganta. Los soplos de Eolo no eran proclives a mi fugaz objetivo (encender el maldito pitillo) y sólo salían chispas de mi encendedor, interruptor de mi fatal vicio.
Entonces, en una tregua que me cedió el viento, tras un buen rato de desasosiego al no conseguir mi fin, cundió la llama y una bocanada de aire ahumado hendió en mi pecho.
Justo cuando me di la vuelta para retornar al andén (esa oscura esquina de Madrid, entre gatos, currantes y demás fauna, incluido yo, de la gran urbs) me vi reflejado en tus ojos, para posar mi vista en el zippo encendido que portabas en tu mano.
- ¡Espera! Tengo fuego...
- No, gracias,gracias, ya lo encendí, pero gracias igualmente...
Ella regresó al banco donde reposaba. Podría haber disfrutado, victorioso, sin más de mi tubular y amigo vicio pero no dejaba de observarla.
Su pelo recogido con un par de rastas deslizándose por su hombro, su palestina blanca y roja anudada al cuello por el frío invernal, sus pantalones cargo raídos, su mochila vieja (a la par que rota) de cuero por donde se entreveían unos bolos de malabares y un libro, sin saber el título, de tapa dura de Kafka; y lo que más me llamó la atención de ella, sus ojos, que reflejaban no sólo su alma sino mi alma, las mismas inquietudes, deseos, sueños frustrados; leyendo plácidamente, con esa carita de ángel urbano, "La flaqueza de Bolchevique" de Lorenzo Silva.
Quizás fuese coincidencia que portasemos el mismo libro, en su primera edición, pero me vi reflejado, más bien, identificado en ella.
¿Por que no dejabas de mirarme? ¿por que, enbobado, no dejaba de atisbarte?
Vi en tus ojos lo que pasaba por tu mente. Al igual que yo te sentías parte del grupo separado de nuestra generación; tan consumista, materialista y desentendida del mundo que nos da pena. Lees y te gusta, no soportas que te digan que es una pérdida de tiempo pues como yo sabes disfrutar bajo un árbol y cigarro de algún libro de unos de nuestros queridos novelistas suicidas rusos. Eres de las pocas personas que pueden presumir de haberse leído el Quijote de cabo a rabo, disfrutando cada una de las verbas de ese genio literato manco de Lepanto mas no presumes de ello. Recibiste una buena educación y la potenciaste con tu carácter autodidacta ya fuese con libros o fortuitos viajes que te ayudaron a ver más allá de lo que los demás ven. Escuchas rock o folk, ska o reggae (de hecho ahora en tu destartalado MP3 suena "Tangled in Blue" de Bob Dylan) y no soportas que alguien se autodenomine artista por sólo tener un disco en el mercado. Hablando de arte no soportas el neomodernismo de gafapastas consumidores de chapas del Fnac, sinsentidos, del pseudoneomodernismoultraliberal y el Pop-art. Aprecias más a Velázquez que a Picasso y a Rafaello más que a Matisse. Pasas algunas tardes solitarias de domingo paseando por el Prado o por el Madrid de los Austrias, entre alemanes de chancla-calcetín sin entenderlos pero respetándolos.
No entiendes a los políticos ni tampoco a esa gente de tu edad ( y de no tan tu edad) que habla sin conocer, sin tan siquiera tener una mínima noción de humildad y que mirando por encima del hombro a sus iguales se creen que el mundo es su coto de caza particular. Cuando sales no puedes evitar beber para olvidar, echar algún litro de más al echar a alguien de menos. Pero no entiendes el desentendimiento de mundo por parte de nuestros coetáneos, cómo cada perro se lame su cipote y las perras los lamen todos. Disfrutas de una buena película antigua o extranjera (sin pecar de pedante).
Te miro a los ojos y veo un futuro junto a tí. Las oscuras noches frías acompañado, una mañana de malos despertares, las discusiones y preciosas reconciliaciones. Pero sólo son ilusiones. Ahora que lo pienso, me ofreciste tu mechero y o eres muy generosa o tu zippo es cojonudo.
Quedan 3 minutos para que salga el tren y necesito conocerte. Me lanzo.
-Lo siento, necesitaba conocerte. ¿Como te llamas?
-Sara, y ya me conoces...


Desapareció con la llegada del tren.