
Ayer te vi en el andén.Era una tarde lluviosa y ventosa de finales de Enero. Una tarde entera de biblioteca y Derecho Romano crispa los nervios de cualquier persona y lo único que necesitaba para calmar mi frustración por una lección mal aprendida era asir un cigarrillo y sentir el reconfortante aroma del humo en mi garganta. Los soplos de Eolo no eran proclives a mi fugaz objetivo (encender el maldito pitillo) y sólo salían chispas de mi encendedor, interruptor de mi fatal vicio.
Entonces, en una tregua que me cedió el viento, tras un buen rato de desasosiego al no conseguir mi fin, cundió la llama y una bocanada de aire ahumado hendió en mi pecho.
Justo cuando me di la vuelta para retornar al andén (esa oscura esquina de Madrid, entre gatos, currantes y demás fauna, incluido yo, de la gran urbs) me vi reflejado en tus ojos, para posar mi vista en el zippo encendido que portabas en tu mano.
- ¡Espera! Tengo fuego...
- No, gracias,gracias, ya lo encendí, pero gracias igualmente...
Ella regresó al banco donde reposaba. Podría haber disfrutado, victorioso, sin más de mi tubular y amigo vicio pero no dejaba de observarla.
Su pelo recogido con un par de rastas deslizándose por su hombro, su palestina blanca y roja anudada al cuello por el frío invernal, sus pantalones cargo raídos, su mochila vieja (a la par que rota) de cuero por donde se entreveían unos bolos de malabares y un libro, sin saber el título, de tapa dura de Kafka; y lo que más me llamó la atención de ella, sus ojos, que reflejaban no sólo su alma sino mi alma, las mismas inquietudes, deseos, sueños frustrados; leyendo plácidamente, con esa carita de ángel urbano, "La flaqueza de Bolchevique" de Lorenzo Silva.
Quizás fuese coincidencia que portasemos el mismo libro, en su primera edición, pero me vi reflejado, más bien, identificado en ella.
¿Por que no dejabas de mirarme? ¿por que, enbobado, no dejaba de atisbarte?
Vi en tus ojos lo que pasaba por tu mente. Al igual que yo te sentías parte del grupo separado de nuestra generación; tan consumista, materialista y desentendida del mundo que nos da pena. Lees y te gusta, no soportas que te digan que es una pérdida de tiempo pues como yo sabes disfrutar bajo un árbol y cigarro de algún libro de unos de nuestros queridos novelistas suicidas rusos. Eres de las pocas personas que pueden presumir de haberse leído el Quijote de cabo a rabo, disfrutando cada una de las verbas de ese genio literato manco de Lepanto mas no presumes de ello. Recibiste una buena educación y la potenciaste con tu carácter autodidacta ya fuese con libros o fortuitos viajes que te ayudaron a ver más allá de lo que los demás ven. Escuchas rock o folk, ska o reggae (de hecho ahora en tu destartalado MP3 suena "Tangled in Blue" de Bob Dylan) y no soportas que alguien se autodenomine artista por sólo tener un disco en el mercado. Hablando de arte no soportas el neomodernismo de gafapastas consumidores de chapas del Fnac, sinsentidos, del pseudoneomodernismoultraliberal y el Pop-art. Aprecias más a Velázquez que a Picasso y a Rafaello más que a Matisse. Pasas algunas tardes solitarias de domingo paseando por el Prado o por el Madrid de los Austrias, entre alemanes de chancla-calcetín sin entenderlos pero respetándolos.
No entiendes a los políticos ni tampoco a esa gente de tu edad ( y de no tan tu edad) que habla sin conocer, sin tan siquiera tener una mínima noción de humildad y que mirando por encima del hombro a sus iguales se creen que el mundo es su coto de caza particular. Cuando sales no puedes evitar beber para olvidar, echar algún litro de más al echar a alguien de menos. Pero no entiendes el desentendimiento de mundo por parte de nuestros coetáneos, cómo cada perro se lame su cipote y las perras los lamen todos. Disfrutas de una buena película antigua o extranjera (sin pecar de pedante).
Te miro a los ojos y veo un futuro junto a tí. Las oscuras noches frías acompañado, una mañana de malos despertares, las discusiones y preciosas reconciliaciones. Pero sólo son ilusiones. Ahora que lo pienso, me ofreciste tu mechero y o eres muy generosa o tu zippo es cojonudo.
Quedan 3 minutos para que salga el tren y necesito conocerte. Me lanzo.
-Lo siento, necesitaba conocerte. ¿Como te llamas?
-Sara, y ya me conoces...
Desapareció con la llegada del tren.
Entonces, en una tregua que me cedió el viento, tras un buen rato de desasosiego al no conseguir mi fin, cundió la llama y una bocanada de aire ahumado hendió en mi pecho.
Justo cuando me di la vuelta para retornar al andén (esa oscura esquina de Madrid, entre gatos, currantes y demás fauna, incluido yo, de la gran urbs) me vi reflejado en tus ojos, para posar mi vista en el zippo encendido que portabas en tu mano.
- ¡Espera! Tengo fuego...
- No, gracias,gracias, ya lo encendí, pero gracias igualmente...
Ella regresó al banco donde reposaba. Podría haber disfrutado, victorioso, sin más de mi tubular y amigo vicio pero no dejaba de observarla.
Su pelo recogido con un par de rastas deslizándose por su hombro, su palestina blanca y roja anudada al cuello por el frío invernal, sus pantalones cargo raídos, su mochila vieja (a la par que rota) de cuero por donde se entreveían unos bolos de malabares y un libro, sin saber el título, de tapa dura de Kafka; y lo que más me llamó la atención de ella, sus ojos, que reflejaban no sólo su alma sino mi alma, las mismas inquietudes, deseos, sueños frustrados; leyendo plácidamente, con esa carita de ángel urbano, "La flaqueza de Bolchevique" de Lorenzo Silva.
Quizás fuese coincidencia que portasemos el mismo libro, en su primera edición, pero me vi reflejado, más bien, identificado en ella.
¿Por que no dejabas de mirarme? ¿por que, enbobado, no dejaba de atisbarte?
Vi en tus ojos lo que pasaba por tu mente. Al igual que yo te sentías parte del grupo separado de nuestra generación; tan consumista, materialista y desentendida del mundo que nos da pena. Lees y te gusta, no soportas que te digan que es una pérdida de tiempo pues como yo sabes disfrutar bajo un árbol y cigarro de algún libro de unos de nuestros queridos novelistas suicidas rusos. Eres de las pocas personas que pueden presumir de haberse leído el Quijote de cabo a rabo, disfrutando cada una de las verbas de ese genio literato manco de Lepanto mas no presumes de ello. Recibiste una buena educación y la potenciaste con tu carácter autodidacta ya fuese con libros o fortuitos viajes que te ayudaron a ver más allá de lo que los demás ven. Escuchas rock o folk, ska o reggae (de hecho ahora en tu destartalado MP3 suena "Tangled in Blue" de Bob Dylan) y no soportas que alguien se autodenomine artista por sólo tener un disco en el mercado. Hablando de arte no soportas el neomodernismo de gafapastas consumidores de chapas del Fnac, sinsentidos, del pseudoneomodernismoultraliberal y el Pop-art. Aprecias más a Velázquez que a Picasso y a Rafaello más que a Matisse. Pasas algunas tardes solitarias de domingo paseando por el Prado o por el Madrid de los Austrias, entre alemanes de chancla-calcetín sin entenderlos pero respetándolos.
No entiendes a los políticos ni tampoco a esa gente de tu edad ( y de no tan tu edad) que habla sin conocer, sin tan siquiera tener una mínima noción de humildad y que mirando por encima del hombro a sus iguales se creen que el mundo es su coto de caza particular. Cuando sales no puedes evitar beber para olvidar, echar algún litro de más al echar a alguien de menos. Pero no entiendes el desentendimiento de mundo por parte de nuestros coetáneos, cómo cada perro se lame su cipote y las perras los lamen todos. Disfrutas de una buena película antigua o extranjera (sin pecar de pedante).
Te miro a los ojos y veo un futuro junto a tí. Las oscuras noches frías acompañado, una mañana de malos despertares, las discusiones y preciosas reconciliaciones. Pero sólo son ilusiones. Ahora que lo pienso, me ofreciste tu mechero y o eres muy generosa o tu zippo es cojonudo.
Quedan 3 minutos para que salga el tren y necesito conocerte. Me lanzo.
-Lo siento, necesitaba conocerte. ¿Como te llamas?
-Sara, y ya me conoces...
Desapareció con la llegada del tren.
